miércoles, 18 de enero de 2012

Jóvenes en política.


Os dejo el artículo que he publicado esta semana en La Pecera, revista universitaria de la Facultad de Ciencias Políticas de Granada:

Quiero aprovechar la oportunidad que tan amablemente me brinda La Pecera para compartir alguna reflexión con sus lectores, que en su mayoría sois jóvenes con cierto interés por la política. Muchos son los jóvenes que, hoy en día, deciden entrar en política, engrosando las organizaciones juveniles de los principales partidos. Pero, ¿cuántos de ellos tenemos verdadera vocación política?

La política universitaria, en la que muchos de vosotros estáis, es una de las mejores escuelas para empezar, pues implica un contacto directo con tus compañeros para resolver sus problemas más inmediatos y te enfrenta por primera vez a unas elecciones. He aquí el primer filtro, pues habría que cuestionarse la idoneidad de ciertos dirigentes a los que no quieren ni sus propios compañeros de facultad.

Sin embargo, esto no es suficiente, pues nuestra sociedad actual demanda y necesita los dirigentes mejor formados y más preparados, por lo que es imperativo que, quienes queremos dedicarnos a la política, empecemos por terminar nuestras carreras y buscar un trabajo al margen de la política. Es imprescindible que primero lleguemos a ser “alguien” fuera de la política, para que no seamos profesionales de la política, sino buenos profesionales (de lo nuestro) metidos en política. Gente, en definitiva, que comparta primero las dificultades del día a día, que demuestre su valía en la calle antes de llegar a los despachos. Y, sobre todo, gente que tenga a dónde volver, pues la política debe ser algo temporal, no puede convertirse en un modo de vida.

No me fío de los políticos que no tienen dónde volver, pues llegado el momento harán cualquier cosa para mantenerse ahí. Necesitamos gente con la vida resuelta, que no necesite de la política para vivir. Gente con principios, gente con valores. Porque lo cierto es que aquellos que tenemos vida más allá de la política somos mucho más libres. Y merece la pena serlo.