Termina, un año más, el curso escolar en Andalucía. Y seguimos igual en muchas cosas. 20.000 niños siguen estudiando todavía en aulas prefabricadas. La enseñanza bilingüe está en torno al 6%, a pesar de las promesas. Seguimos teniendo las aulas más masificadas de España (las ratios más altas). El gasto medio por alumno en los centros públicos es el más bajo del país. Nuestros profesores son los peor pagados de toda España y los que más tardan en ser sustituidos cuando se dan de baja. Y somos la Comunidad Autónoma con más casos de violencia escolar. A lo que hay que añadir los problemas de plaza en muchos colegios.
Y, por si este panorama tan decepcionante no fuera suficiente, hemos sufrido las medidas extravagantes de una Consejera que, tras enfrentarse a toda la comunidad educativa (intento de compra de voluntades pagando a los profesores por el número de aprobados, disminución de las competencias de los claustros, polémico adelanto de inicio del curso, publicación de nombres de menores en el BOJA con la consiguiente denuncia del Defensor del Menor, etc.), tuvo que ser finalmente cesada en abril.



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