Ha hecho falta una llamada de Obama. El miércoles pasado, Zapatero y Rajoy se reunían en la Moncloa y éste último proponía al Presidente, por enésima vez, que redujese el déficit, pero ZP se volvió a negar. De hecho, en octubre de 2009 ya habíamos presentado, sin éxito, una enmienda a los Presupuestos Generales del Estado para 2010 pidiendo exactamente la misma reducción del déficit público que ahora ha exigido la U.E.
En cinco días, dos reuniones en Europa y una llamada de Obama, han obligado a Zapatero a dar marcha atrás. Ha hecho falta una llamada al orden por parte de la Unión Europea para que el Presidente del Gobierno se vea obligado a rectificar, por fin, su política económica. Y es que Bruselas, para evitar que acabemos como Grecia, le ha exigido que tome medidas en 48 horas, además de anunciar que vigilará de cerca el proceso.
Si hemos llegado a esta situación es porque Zapatero se ha empeñado en negar la realidad, y todo porque no quería asumir un coste electoral. Se pasó meses negando la crisis y ahora se agarra a esa décima de crecimiento para anunciar el fin de la recesión. Pero eso no es el fin de la crisis. Si no, ¿a qué vienen estas medidas? Parece que dejamos de caer en picado, pero ahora nos espera una fase de estancamiento que es necesario reconocer, para poder afrontarla convenientemente.
Ya no vale echarle la culpa a la crisis internacional, pues el resto de países europeos están en pleno proceso de recuperación. La culpa de la situación actual es de un Gobierno que ha sido, hasta ahora, tremendamente irresponsable con el gasto público. Por ello, tanto la Unión Europea como el propio Obama se han visto obligados a tomar cartas en el asunto y le han exigido que ponga en marcha medidas urgentes, tal y como llevamos pidiéndole algunos desde hace mucho tiempo.
Pero el problema es que una reducción del déficit en 15.000 millones de euros no se puede improvisar en tres días, porque al final el resultado es el que es: recortes sociales. Congelación las pensiones, eliminación del cheque-bebé y recortes en la Ley de Dependencia, entre otras cosas. Antes que tocar el gasto social, podrían haberle metido mano a las subvenciones (incluidas las que se dan a partidos políticos y sindicatos), así como reducir el número de ministerios. Esta mañana, Zapatero ha sepultado el que ha sido su discurso estrella de la legislatura, pues había defendido hasta la saciedad que no habría recortes sociales. Pero ahora, desbordado por la situación, los ha tenido que reconocer.